Que comida divertida e interesante la que tuvimos el otro día con una amiga común que me presentó a Lidia Pérez López, su cultura es diversa y amplia. Lidia es filósofa y psicóloga, y tiene un programa radiofónico diario: “Lidiando el futuro y la nueva conciencia”, en Radio Red AM. Su conocimiento del ser humano y su interés por al astronomía y la astrología nos condujo a pedir su visión del círculo. “Desde el principio del tiempo los sabios han percibido una profunda relación entre las ideas y el mundo material. Podemos recordar a la tradición platónica y neoplatónica en su concepción de que el mundo ha sido creado a través de número y forma. Las matemáticas y la geometría son ciencia exactas, pero también poéticas y misteriosas.
Filósofos y cabalistas, artistas y místicos, han sentido el poder de esta idea fuerza que llamamos círculo y que acompaña a todos los seres humanos desde el principio del tiempo. El círculo es un símbolo muy complejo, profundo e inspirador, y no hay civilización que no haya reconocido su importancia. El círculo representa la perfección, la homogeneidad, la ausencia de distinción o división.
En nuestra iconografía cristiana el motivo del círculo simboliza la eternidad: tres círculos unidos evocan la Trinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El círculo nos lleva a comprender en su movimiento sin comienzo ni fin el tiempo, la infinitud, la eternidad, lo absoluto. Simboliza también a la divinidad, considerada no solamente en su inmutabilidad, sino también como origen, subsistencia y consumación de todas las cosas. Signo de la unidad principal, es la figura de los ciclos celestes, principalmente de las revoluciones planetarias y del zodiaco.
Es de todos sabida la búsqueda del secreto guardado en la cuadratura del círculo. O podríamos decir, de otro modo, el espíritu incorporado a la materia. Es por eso que en muchos templos encontramos el cuadrado en la base y el círculo en la cúpula. Y es que el cuadrado representa a la tierra, al hombre, a los límites, en tanto que el círculo expresa a Dios, al cielo, a lo ilimitado. El templo quizás más viejo de la humanidad, el Templo de Abydos en Egipto, representa este misterio a través de un círculo dinamizado en forma de espiral, el famoso caracol. Otras formas dinamizadas del círculo son los famosos ziggurats babilónicos, templos construidos para conectar la tierra con el cielo.
Uno de los más apasionados estudiosos de los símbolos, Carl G. Jung, menciona al círculo como la imagen arquetípica de la totalidad de la psique, como el símbolo del sí mismo.
No debe extrañarnos que sea el círculo tan seductor, porque sin darnos cuenta, cedemos a la fuerza, a la belleza y a la magia escondida en él, de manera tan sencilla. Y lo usamos también, claro, como elemento mágico, por eso los anillos y las coronas son circulares. De ahí también su uso mágico como cordón de defensa alrededor de ciudades, templos y tumbas para cerrar el paso a los enemigos. En los ritos de purificación también se busca en el círculo la protección frente a demonios y malas influencias. No es casualidad que el Rey Arturo haya elegido como centro mágico del reino la mesa redonda para reunirse ahí con sus mejores caballeros.
Representaciones más simples son los círculos concéntricos que se forman cuando arrojamos un objeto al agua que pueden identificarse como el hundimiento en las aguas de la muerte o quizás también el maravilloso resurgir de ellas. Muerte y renacimiento se simbolizan mediante círculos de ondas anulares.
Los derviches buscan a Dios incansablemente girando en círculo; los niños juegan y cantan en círculos. Y las más bellas danzas regionales en todo el planeta repiten alegremente una y otra vez esta figura en sus movimientos.
El círculo manifiesta una energía arquetípica particularmente interesante para nuestro momento histórico, la energía de la unidad, de la inclusión, de la equidad. Y lo más importante, la noción de centro y eje.
No es misterio para nadie que vivimos con demasiada prisa y se nos olvida muy a menudo que la belleza y la alegría se derivan de las energías sutiles, las ideas fuerza que guarda el círculo: unidad, integración... pero, ¿qué significa eso en relación a nosotros, a la vida de cada uno? Para descubrirlo, tenemos que transitar un conocido círculo, el laberinto. Un círculo dinamizado que, como el famoso caracol de Abydos, sólo nos contará sus secretos si somos capaces de llegar al centro. Y si es verdad lo que nos han contado los viejos sabios, sólo podemos llegar a él desde nuestro propio centro, desde nuestro propio eje individual que nos lleva desde el cuadrado de nuestras oportunidades y habilidades hacia nuestras más altas metas.”
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